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Los primeros avistamientos
El
primer avistamiento sucedió el Jueves Santo de 1997, a las 21:00 hrs.
aproximadamente. Circulábamos
por la Ave. De los Cien Metros, al norte del Distrito Federal, rumbo a mi
domicilio, en compañía de mi esposo, nuestros dos hijos y mi hermano Enrique
con su familia, cuando observamos una luz plateada muy grande,
que estaba descendiendo en el cielo. Inicialmente pensé que era un avión
a punto de caer. Le hicimos señales a mi hermano para detener los autos y
observar con detenimiento el suceso. Sacamos
los binoculares de la cajuela y nos percatamos que no era una aeronave
convencional, recuerdo que nos sentimos muy confundidos y no daba crédito a
lo que mis ojos veían. Tanto tiempo de negar el fenómeno, de entrar en
polémicas discusiones con mi papá, y ahora lo tenía ahí, frente a mis ojos.
Claramente pude observar dos platos invertidos, girando y haciendo
movimientos impresionantes en el cielo… ¡cómo negar que los ovnis existen! Mis
hijos y mis sobrinos sintieron temor y ya no querían salir de los autos, nos
pedían desesperados que ya nos fuéramos, incluso mi hijo Gerardo me jalaba de
la ropa. Todos estábamos viviendo un momento de exaltación muy difícil de
narrar. Por consecuencia las preguntas no se hicieron esperar, los niños
querían una explicación y los adultos no sabíamos qué decir, también nuestras
ideas estaban poco claras. Cabe puntualizar que los
binoculares los traíamos en la cajuela porque éramos aficionados a las
carreras de caballos y precisamente mi hermano Enrique me los había regalado
en la Navidad pasada.
Cuando todos llegamos a
casa de mis padres y les contamos el evento mi mamá nos miró sorprendida, mi
papá nos abrazó y una tía que estaba de visita sugirió, atinadamente, que
dibujáramos lo que habíamos visto. Sobra decir que los dibujos eran
idénticos, todos apreciamos lo mismo. Al
día siguiente el mismo grupo de personas nos dirigíamos al domicilio de mi
hermano, nos había invitado a cenar para corresponder nuestra atención del
día anterior. Todos queríamos seguir conviviendo y disfrutando de nuestras
vacaciones. En el trayecto a su domicilio se daría el segundo avistamiento, a
casi 24 hrs. del primero. Nuevamente observamos una gran luminosidad
plateada, pero ahora parecía seguirnos, nos acompañó durante todo el
recorrido. Ya
se imaginarán el grado de exaltación y sorpresa que teníamos en ese momento. Al
llegar a nuestro destino, en la Colonia Granjas Coapa,
mi cuñada Mónica le avisó a algunos vecinos sobre el
ovni y varias personas subieron a la azotea del edificio para verlo mejor.
Una vecina hasta llegó con un pequeño telescopio y tuvimos la fortuna de
observarlo durante algunos minutos más y presenciar el momento en el cual se
desapareció de nuestra vista, como si se hubiera “metido” en el cielo. Todo
aquello resultaba increíble. Otra
noche más casi sin dormir… nos quedamos en casa de mi hermano, platicando
sobre lo mismo y sin llegar a conclusiones. A
la mañana siguiente, decidimos ir a la Feria del Hogar, en el Palacio de los
Deportes, queríamos realizar actividades que nos despejaran la mente del tema
ovni, ya no deseábamos pensar en eso, pero el destino nos reservaba más
sorpresas y se daría el tercer avistamiento. Era
mediodía, y en esta ocasión no fue sólo una luz, sino una gran esfera
plateada que entraba y salía de una nube, con movimientos de reversa. Era tan
grande que se observaba a simple vista. En esa ocasión fue mi hermano el que
se percató de ella y nos avisó a los demás… nuevamente íbamos en los autos
rumbo a la feria citada, sobre Avenida Churubusco. Es
comprensible imaginar la mezcla de sentimientos que nos embargó, sentíamos
que ya era demasiado. Ahora sí creíamos en los ovnis, no nos quedaba la
menor duda de la existencia de objetos extraños surcando los cielos de
nuestra ciudad, pero nos dominaba el miedo y ya no deseábamos vivir más
experiencias de ese tipo. Esa
noche fue difícil conciliar el sueño. Mi hermano y su familia se quedaron en
nuestra casa y el tema de conversación giraba en torno al objeto que habíamos
observado horas atrás. Tal parece que todavía nos negábamos a aceptar por
completo la existencia de los ovnis. Todos
los miembros de la familia se enteraron de lo que pasó en esos días y sus
reacciones fueron diversas: algunos se alarmaron, otros dudaban de la
veracidad de los relatos, pero la mayoría sabía que no estábamos bromeando,
aunque no había evidencias, ni fotos, ni videos, eran sólo los testimonios. El
periodo vacacional terminó y reanudamos las actividades cotidianas. En verdad
ya no quería saber nada de los ovnis, pero los avistamientos se siguieron
presentando con mucha frecuencia, afortunadamente con testigos, descartando
así la posibilidad de que fuera algo producido por la imaginación. En
particular, hubo uno que me causó mucha inquietud, porque se encontraba muy
cerca de mí. Recuerdo
que esa tarde me dirigía a casa de mis padres para visitarlos, a pocos
minutos de mi domicilio. Caminaba por la calle cuando “algo” me hizo voltear
al cielo, y a escasos metros de mi cabeza observé una esfera negra muy grande
con una especie de “patas” o “tentáculos” que se movían. Mi reacción fue
correr, sentí miedo y el corazón me latía muy rápido. Al llegar a mi destino
le platiqué a mi mamá y ella salió conmigo a la calle en un intento de
tranquilizarme y cuando vio que ese ovni estaba ahí, se puso pálida,
asustada, y las dos nos metimos apresuradamente a la casa. Ese fue el primer
avistamiento de mi mamá.
Tiempo
después, ya inmersa en el tema ufológico, observé una fotografía que se
parece mucho al objeto que describí anteriormente. Se trata de una evidencia
registrada en Cocoyoc, en el Estado de Morelos.
Por
lo que he narrado y otras experiencias más, llegué a considerar al fenómeno
ovni como un verdadero problema, no sabía cómo enfrentar la situación y
deseaba que alguien me orientara, ¿qué hacer para dejarlos de ver? Por
sugerencia de mi esposo me comuniqué con el equipo de investigación Los
Vigilantes, ellos me escucharon con paciencia y ratificaron que las fechas
que yo citaba eran de avistamientos ovni, ya que coincidían con videos
y reportes del público. Todo era a través de llamadas telefónicas, a
veces me atendía Martín Aparicio y en otras ocasiones Eduardo Viadas. Ellos
me invitaron a formar parte de su equipo de trabajo, diciéndome que al
adentrarme en el estudio de los no identificados perdería el miedo. No muy
convencida de su teoría asistí a la dirección que me indicaron y permanecí en
la junta de organización. Honestamente no entendía casi nada, todo me
resultaba ajeno, pero me confortó darme cuenta que eran personas preparadas y
que hablaban con conocimiento de causa. No
encontré a ninguna de los dos investigadores que me atendían telefónicamente
y a ellos tuve el gusto de conocerlos posteriormente. Después
de esa primera reunión todavía no estaba convencida de la labor de
observación del cielo y mi interés en grabar inició cuando conocí a Salvador
Guerrero y éste nos invitó a su azotea para hacer vigilancias. Con qué
alegría Salvador señalaba la presencia de esferas en el cielo, con qué
habilidad usaba la cámara de video, y él, sin darse cuenta, nos contagió su
entusiasmo. Era como ir de “cacería” y regresar con buenos resultados. Y ni
qué decir de los campamentos organizados por Los Vigilantes, en un
ambiente de armonía e intercambio de conocimientos.
Todo
me fue llevando, casi sin darme cuenta, a querer saber más de los ovnis, a no
sentir miedo y a desear obtener mis propias evidencias, así que tiempo
después adquirí una cámara y logré mi primer video en noviembre del 77. Con
el grupo Los Vigilantes permanecí hasta 1999. Actualmente
no estoy afiliada a grupos o equipos de investigadores, hago el trabajo por
mi cuenta gracias al invaluable apoyo de mi familia. |
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